12.2.26

Vampiresas 1930 (Jesús Franco, 1962)

Cartel cinematográfico de la película Vampiresas 1930 dirigida por Jesús Franco, mostrando a los actores Mikaela, Lina Morgan y Antonio Ozores en una estética de comedia musical de los años 60

Hubo un tiempo en que el cine español soñaba con las luces de Broadway y el glamour de los grandes musicales de Hollywood, aunque tuviera que recrearlos con más ingenio que presupuesto en los estudios de Madrid. En ese contexto de efervescencia y bohemia nace Vampiresas 1930, una película que es mucho más que una comedia de enredos: es un acto de amor al cine. Dirigida en 1962 por el siempre inquieto Jesús Franco —aunque el rodaje arrancó en la primavera de 1961—, esta obra se presenta hoy como una cápsula del tiempo donde conviven el magnetismo de la cantante Mikaela, la energía desbordante de una jovencísima Lina Morgan y el humor surrealista de Antonio Ozores, todo bajo la atenta mirada de un secundario de oro como Antonio Garisa.

La trama nos traslada a los albores de la década de los 30, un momento crítico para la industria del entretenimiento. Daniel (Antonio Ozores) y Tony (Yves Massard) son dos músicos bohemios y buscavidas que se ganan el sustento uno como doble y el otro tocando el violín en el cine mudo. Sus vidas dan un vuelco cuando conocen a Carolina (Lina Morgan), una ingenua y divertida artista de circo que se ha quedado sin empleo tras el cierre de su espectáculo. Deciden acogerla en su refugio, una pintoresca pensión regentada por una antigua "vamp" (Trini Alonso) y poblada por artistas que esperan una oportunidad que parece no llegar nunca.

El conflicto aun estallará más con la irrupción del cine sonoro, una revolución técnica que amenaza con dejar a los músicos de foso en la absoluta obsolescencia. Para sobrevivir, el trío decide formar una banda de jazz y se ve envuelto en una serie de peripecias gansteriles y se tendrán que camuflar con betún y hacerse pasar por mujeres. El argumento funciona así como una parodia y homenaje a Cantando bajo la lluvia (1952) en su retrato de la traumática llegada del sonido, pero lo más sorprendente es la referencia a Con faldas y a lo loco (1959). Es todo un detalle, ya que en el momento del rodaje (1961), la obra maestra de Billy Wilder todavía no se había estrenado en España debido a las trabas de la censura. Franco, que conocía el cine que se hacía fuera de nuestras fronteras, se adelantó a su tiempo integrando gags y estructuras que el público español tardaría aún un par de años en descubrir en la pantalla grande.

Es fascinante observar cómo el proyecto cambió de manos, pues originalmente estaba destinado a Pedro Lazaga. Franco decidió experimentar con la atmósfera del filme y reelaboró el guion, introduciendo sombras alargadas y encuadres angulados. Para lograr esta estética, contó con la maestría en la fotografía de Eloy Mella, un profesional de prestigio que ya había demostrado su enorme talento en obras capitales como Sierra maldita(1954). Este supo equilibrar el tono de comedia con un tratamiento de la luz que por momentos evoca el cine negro; su capacidad para manejar los contrastes y las texturas del Eastmancolor elevó la categoría visual de la película, otorgándole una identidad bohemia.

Desde una perspectiva industrial, Vampiresas 1930 contó con un presupuesto de 4.560.000 pesetas, una cifra considerable para una producción de 1961. Para Mikaela, este rodaje supuso su segundo encuentro con Jesús Franco, con quien ya había trabajado estrechamente en La reina del Tabarín (1960). Esta complicidad entre director y musa fue clave para que el presupuesto luciera en pantalla, centrando los recursos en el brillo de su protagonista femenina y en el vestuario reciclado de las superproducciones de Samuel Bronston.

Uno de los grandes aciertos técnicos reside en su banda sonora. Franco decidió adquirir los derechos de canciones del emblemático chansonnier francés Charles Trenet, como "La Mer" o "Boum". Esta elección musical, combinada con la presencia del genio del piano Tete Montoliu y su gran orquesta, creó un "cóctel" sonoro sofisticado. A esto se sumó un cuidado trabajo de post-sincronización: Yves Massard fue doblado por Rafael Arcos, mientras que Mikaela contó con la voz de la gran Matilde Conesa para sus diálogos.

El guion fue un trabajo colaborativo entre Pío Ballesteros, María del Carmen Martínez Román y el propio Franco. No se puede olvidar la aportación de Antonio Ozores, quien reescribía sus propios diálogos. Para los buscadores de curiosidades, la cinta supone el primer papel acreditado de un jovencísimo Sancho Gracia, y cuenta con secundarios de lujo como Manuel Alexandre (como el director de cine), Juan Antonio Riquelme, Mary Begoña, Trini Alonso y Félix Fernández



La crítica fue tibia, en el ABC del 9 de marzo de 1962, Donald escribía: "Da la impresión de que cuantos han intervenido en ella se han divertido mucho durante el rodaje y lo bueno hubiera sido que el espectador se hubiera divertido en la misma medida presenciando la proyección y escuchando lo que se dice. Lances no faltan porque acontece de todo o de casi todo: el romanticismo, parodia, gángsters, monederos falsos, París difuminado con niebla londinense, pequeños antros de solaz bailante y cantante, y pacíficos restaurantes con propietario cocinero italiano y dulce música. Es lástima que lo que se cuenta, que no es poco, se alargue. "Peinada" la película, estimamos que hallaría mejor fortuna y para "peinarla" bastaría eliminar las reiteraciones, los artistas a las órdenes del realizador Jesús Franco parece que actúan en plena libertad y con sus propios recursos, al menos eso piensa uno. No habremos de negar que no pocas veces hacen reír de buena gana, más que parodia parece la película parodia de otra parodia, o sea, parodia doble. El único personaje serio es el que encarna y de manera bien visible, ya que es mujer de importancia estatuaria, Micaela, a la que le entra nostalgia de la patria chica Santa Cruz de Tenerife y ello le da motivo para obsequiarnos con anguilas y melodiosas canciones, los demás extreman la caricatura y en su celo emulador descuellan Lina Morgan,  Antonio Ozores, Ives Massard y Garisa."


Sin embargo, a pesar de su tono de comedia blanca y musical, la película tuvo que enfrentarse a la mirada implacable de la Junta de Censura de la época. El expediente n.º 18.243 revela un juicio sorprendentemente severo: los censores no solo criticaron lo que consideraban una "baja calidad artística", sino que se cebaron con su moralidad. Debido a la atmósfera de la pensión de artistas, que la censura calificó como un entorno de "relajación moral", y a la picardía de algunos números musicales, la película recibió una Calificación 3, lo que la hacía apta solo para mayores de 18 años. Este "castigo" administrativo limitó enormemente su recorrido comercial inicial en 1962, demostrando que el intento de Jesús Franco por introducir una estética más europea y libre chocaba frontalmente con la rigidez de las tijeras de la época. Hoy, rescatar estas imágenes no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia hacia una obra que fue calificada con un rigor hoy difícil de comprender. Hace ya tiempo que salió el DVD en una copia bastante mejorable, pero que es la única disponible y que no respeta el formato original del todo y en plataformas incomprensiblemente no se ve ni se la espera...




Fuentes:

  • Memorias del tío Jess, Jesús Franco. El País (2024).

  • The Films of Jesus Franco, Francesco Cesari y Roberto Curti (2025).


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