18.4.25

El Judas (Ignacio Farrés Iquino, 1952)

 


Tiempo de Semana Santa y de tradiciones como las que hay en los pueblos catalanes de Esparraguera u Olesa donde vecinos del pueblo representan cada año la vida de Jesús en el teatro. La del primer pueblo quedó inmortalizada en el cine de la mano de Ignacio F. Iquino en 1952 con su película El Judas que contaba la historia de un individuo de malos sentimientos y peores acciones, dispuesto a todo con tal de satisfacer su avaricia y vanidad y que se mostraba descontento con el papel de Judas que le tocaba encarnar ya que él a toda costa quiere el papel de Jesús.


Antes de seguir con la película, me permitirán que sitúe brevemente a su director del cual he tenido la oportunidad ya de hablar de él en este blog con La familia Vila. El IMDB nos indica 84 realizaciones, 104 guiones, 42 veces de productor, 16 de director de fotografía, etc. A pesar de todo su trabajo, Iquino es un nombre olvidado, poco reconocido injustamente, aunque por suerte algunos críticos le han sabido valorar su trabajo, caso de Àngel Comas en la excelente biografía que escribió (Ignacio F. Iquino, hombre de cine. Ed. Laertes, 2003).

Su primer largo es de 1936 con Al margen de la ley y su último de 1984 con Yo amo la danza, seis décadas que se dice pronto. Su cine popular empezó a llenar salas, títulos como Alma de Dios (1941), El difunto es un vivo (1941), El hombre de los muñecos (1943) Una sombra en la ventana (1945) o El tambor del Bruch (1948) le dieron nombre, aunque la crítica no fue su mejor aliada, desgraciadamente muchos de estos títulos son prácticamente imposibles de encontrar.

Como persona ambiciosa que era, crea sus propios estudios en el Paralelo de Barcelona en los 50 (Los IFI) y siempre presumía de que tenía calefacción, y añadía que no como los Orphea donde los actores se congelaban. Cuando empieza con la idea de hacer El Judas llevaba dos años con estos donde había llevado a cabo nueve títulos. Las cuentas no salían y necesitaba una película comercial y lo suficientemente atractiva para que se la declarase de Interés nacional. La idea de una película religiosa podía llevarle a conseguir tal propósito y más en un momento en el que coincidiría con el "Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona" de ese año 1952 y las negociaciones del Concordato con el Vaticano resueltas al año siguiente.

Aunque en un primer momento no se le concedió, finalmente sí “considerando sus calidades artísticas y técnicas y sobre todo por su contenido profundamente ejemplarizadora que exalta los principios del cristianismo. Para que no pase desapercibido el esfuerzo efectuado por la casa productora” decía el informe.



Antonio Vilar
El reparto de El Judas estaba encabezado por Antonio Vilar, galán de los 40 y 50 y como inspector tenemos a Manuel Gas, en el papel de Montserrat a María Rosa Fornaguera. El resto del reparto estaba formado por los integrantes del Patronato de “La passió” de Esparraguera, de la obra sindical “Educación y descanso” tal como nos indican los créditos, por tanto actores no profesionales y vecinos del pueblo. Para el guion recurrió a su paisano Rafael J. Salvia que dirigiría grandes éxitos poco después como Aquí hay petróleo, Manolo, guardia urbano, Las chicas de la Cruz Roja, aparte de escribir los guiones de La gran familia, Atraco a las tres, Sor Citroen o Don Erre que Erre.

La película se estrenó el 23 de mayo de 1952, para aumentar la comercialidad se llegó a anunciar que sería la primera película que el Franquismo permitía que se hablase en catalán, algo que finalmente en Barcelona no fue así, aunque en determinadas localidades y especialmente en los tiempos de Semana Santa sí que se pasaba tal copia en la que el catalán se utilizaba para las conversaciones coloquiales. En los créditos iniciales de algunas copias, vemos que aparecían en esta lengua.

El Arzobispo de Barcelona, D. Gregorio Modrego recurrió al canónigo de la Catedral, el P. Ciprià Montserrat para aquello que tanto temían los directores de asesorar y controlar la película, repetiría con él después y con Pedro Lazaga en El frente infinito.


Si no fuera por la habilidad de Iquino y de Salvia, no se recordaría hoy en día El Judas sino como una película de las llamadas despectivamente de estampita, aunque también hay una buena dosis de títulos notables no reconocidos suficientemente, este tipo de cine envejecería pronto y le darían la espalda los mismos creyentes cuando el Concilio Vaticano II cambia el rumbo de la Iglesia y la España del 600 iba dejando las iglesias sin el fervor de antes.

 Pero la película tiene más, por una parte estamos ante un neorrealismo que aunque no hay que tomar al pie de la letra del italiano, sí que guarda coincidencias. Por una parte, ya hemos dicho que la mayoría de los actores no son profesionales, que casi todo está rodado en la calle, que tomando como pretexto la obra religiosa salen a la palestra temas sociales como la inmigración o la miseria. Incluso se puede ver como una película de cine negro con el protagonista al margen de la ley. Toda esa escena de los primos del protagonista que tienen que marchar por la estafa que les ha hecho con la piedra hasta recordaría a películas tipo Surcos.

Es también una película sobre el teatro y toda una síntesis de una manera de actuar, el protagonista a pesar de saberse bien el papel necesita recurrir a un antiguo actor que pasó a ser monje en el Monasterio de Montserrat. Este le dice que ha de tener empatía con la gente, aquí comienza su redención personal con el papel, no ya solo la de conseguir ser un buen actor.

Aparte de todos los temas, Iquino consigue también que el espectador sienta la película con emotivas escenas, los fragmentos de la obra dan pie a situaciones análogas en la acción de esta. Como suele ser habitual, Iquino muestra toda su sabiduría cinematográfica, tanto en la utilización de la luz, en los contrapicados y sabiendo sacar provecho de unos actores que parecen todos profesionales.

Con este filme, Iquino logra su mayor éxito y el apoyo de una crítica que salvo en otras contadas ocasiones le tendría en cuenta. El director estuvo tan satisfecho que repitió el esquema poco tiempo después con La pecadora (María de Magdala) en 1956 interpretada por Carmen de Lirio y contando con actores no profesionales de "La Passió de Cervera" mostrando también un paralelismo entre la protagonista y la obra en cuestión.

La película solo se puede ver actualmente en la plataforma FlixOlé. y en Youtube a través del canal Mercury Films. Merecería una edición de coleccionista en DVD, pero recurriendo al Evangelio ya sabemos que nadie es profeta en su tierra.



 

14.4.25

Calabuch (Luis García Berlanga, 1956)

 



Esta semana repasaremos una de las películas de Luis García Berlanga más infravaloradas, Calabuch. Nos situamos en 1956, fecha clave en la que Berlanga y Bardem presentaban sus películas por separado tras constituir esa pareja feliz, el segundo con Calle Mayor

En más de una ocasión he criticado en estas líneas el reduccionismo tan típico de hoy en día de solo hablar de obras maestras, incluso cuando no se habla de ellas se aplica tal término. Al hablar de Berlanga se suele producir una disyuntiva: ¿Cuál es la mejor, Plácido o El verdugo? Y nos olvidamos de tantas otras que sin llegar a tal consideración son notables: Vivan los novios, La escopeta nacional, La vaquilla, Calabuch... Sí, ¡Calabuch!, probablemente, la gran olvidada de estas listas tan de moda últimamente.

Calabuch también era en parte menospreciada por su director, “demasiado blanda” decía. No hay que hacer mucho caso de esto, todo director siempre tiene una obra distinta en su cabeza de la que acaba rodando y es lógico que acabe repudiándola. En cuanto la crítica hubo de todo, famosa es la (injusta y desproporcionada) frase que le soltó Truffaut: “Viendo esta película uno desea que la bomba atómica caiga por fin, pero sobre la cabeza del director”, pero en general la crítica fue buena.

Los carteles publicitarios de la época en los cines invitaban a pasar dos horas en el pueblo “más feliz de la tierra”, la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC) la premiaba en el Festival de Venecia, en aquel año el premio a la mejor película del festival quedaba desierto, por lo que este tuvo más relevancia y de paso sirvió para que la censura no actuase mucho en ella.

A pesar de que hará casi siete décadas de su realización, Calabuch no ha perdido interés, decía el crítico de entonces del ABC, Donald, que todo era tomado con humor excepto la bondad y la paz. Lo más seguro es que ese pueblo no fuera ni mucho menos el paraíso, ya se encargaba el guion de decírnoslo por boca de la maestra, pero sí quedaba reflejada esa solidaridad de un lugar humilde con personajes entrañables. El momento en que se lanza el cohete y vemos las letras del pueblo emociona, y ya podía comentar Berlanga lo que quisiera, es uno de los momentos cumbre de su filmografía.


Calabuch contó con varios guionistas, la historia original era de Leonardo Martín, el cual acabaría escribiendo guiones de películas con cantante: Cuando tú no estás, La vida sigue igual, Los chicos con las chicas… Luego encontramos los nombres de Florentino Soria, habitual co-guionista y llama la atención el de Ennio Flaiano, inseparable de Fellini y que hasta Giulietta de los espíritus participaría en sus guiones, pero en su haber hay grandes comedias como esa Guardias y ladrones de Mario Monicelli, incluso trabajó con Antonioni en La noche. El propio Berlanga también estuvo escribiendo el guion…

Cuando me sueltan la pregunta de Plácido o El verdugo a veces contesto Calabuch. Ya no sé si queriendo o no, a Berlanga le salió redonda la ironía, ya por comenzar tenemos a Edmund Gwen como protagonista, los más cinéfilos lo recordarán como el Santa Claus en De ilusión, también se vive (título que se amoldaría perfectamente aquí), pero es que el actor venía de trabajar en La humanidad en peligro dando vida al Dr. Harold también en otra particular lucha contra la radiación atómica. 

¿Qué es exactamente el pueblo de Calabuch? Nos lo podemos preguntar en cada visionado y reflexionar, ¿una arcadia levantina?, ¿nuestro peculiar "Shangri-La"?, ¿una utopía?, ¿o simplemente un retrato de esa España de 1956 que a pesar de los años sigue teniendo muchos puntos en común e incluso hasta peores? En fin, la lista se haría eterna.

Lo que está claro es que en Calabuch hay los cimientos de la obra berlanguiana, la solidaridad en grupo como sucede en el resto de su filmografía fracasa, Berlanga haciendo uso del sarcasmo decía que eso lo diferenciaba de Bardem ya que este al creer en el marxismo rechazaba tal planteamiento. Jorge en un momento del filme dice que le gusta Calabuch porque aquí cada uno hace lo que quiere. El director argumentaba que era su única película por la que se le podía acusar de “escapista”, es una obra que tiene varias lecturas, incluso la censura no cayó mucho en ella y eso que toca diferentes pilares de la época.

Sigamos visitando pues este amable, o quizá no tanto, pueblo de Calabuch y fijémonos bien en cada rincón…