Hoy traigo una de esas películas que se han revalorizado con el tiempo, se trata de Los dinamiteros de Juan G. Atienza con Pepe Isbert, Sara García y Carlo Pisacane. Se trataba de una coproducción con Italia en la que participó José Luis Dibildos con Agata Films y Films Columbus de Roma. Fue un fracaso en su momento, solo una semana en cartel y con malas críticas.
Se nos contaba la historia de Don Benito (José Isbert), Doña Pura (Sara García) y Don Augusto (Carlo Pisacane), tres pensionistas que rozan los ochenta años y que suelen coincidir cada mes en las colas de las ventanillas de la mutualidad. Un día se enteran de que Don Felipe (Luis Heredia), un conocido mutuo, está muy enfermo y sin dinero para un entierro decente. Tras visitarlo, acuden a pedir un préstamo a la mutualidad para ayudarlo, pero no se lo conceden. Indignados por las injusticias, sobre todo a su edad, y por la burocracia y sus impedimentos, deciden atracarla. Pero antes de llevar a cabo su plan se dedican a practicar y aprender lo necesario para poder ejecutar el robo perfecto. Mientras tanto, cada uno va pensando en qué gastará su parte del botín...
Era la ópera prima de Juan G. Atienza, licenciado en Filología Románica, que había escrito guiones dispares como Suspendido en sinvergüenza (1962) de Mariano Ozores o Nuevas amistades (1963) de Ramón Comas. El revés de esta experiencia provocó que no siguiera intentándolo, aunque siguió escribiendo para la película El Greco (1966) de la que hablé en mis blogs, su obra No quiero nacer fue utilizada para la segunda película que protagonizó el cómico muy popular en Catalunya, Joan Capri, El abogado, el alcalde y el notario (1969) y también de su puño salió Juan y Junior en un mundo diferente (1970), película casi de culto por su disparatado argumento al servicio del popular dúo musical. Pero se le recordó más por su trabajo en TVE con cortos y por relatos de ciencia ficción y esoterismo.
El argumento era de Rodrigo Rivero que venía de escribir un notable film de José Luis Borau Crimen de doble filo (1965) y que colaboró también con el director en la biografía de "El Greco". El guionista Luis Ligero, habitual como ayudante de dirección, colaboró en el guion y permitió que se mostrara su propio mausoleo en la película. Supieron burlar la censura con un final irónico e inusual.
G. Bolín escribía en el ABC del 6-11-1964 que "El argumento es dentro de su intrascendencia, un verdadero hallazgo y, seguramente, el éxito del film hubiera sido completo y rotundo si se hubiera imprimido a la acción un ritmo más rápido y movido y los diálogos tuvieran mayor viveza y brillantez" Comparto lo dicho, aunque quizá ese ritmo algo estancado que se palpa especialmente en su primera mitad es el resultado de intentar combinar esa picaresca española con el tono documental del neorrealismo más el habitual acercamiento de la moda de la "Nouvelle Vague", esto hizo que Los dinamiteros gane con el tiempo más como documento sociológico que como película en sí. Resultaba algo atípico ver a Isbert como el protagonista, aquí doblado por Julio Aymán que también lo hizo en Perro golfo (1963) y El sol en el espejo (1963). El actor también apareció con otra voz, la de Francisco Linares-Rivas en La familia Vila (1950), también referenciada en este blog.
Compartía cartel con la veterana actriz mexicana Sara García, doblada por Julia Delgado Caro que le da a su papel un sarcasmo medido que permite una alta dosis de humor en contraposición a sus compañeros. El otro actor era el italiano Carlo Pisacane, doblado por Eduardo Calvo, que lo recordarán por su papel en Rufufú (1958), cinta de la que, obviamente, bebe el film. Dentro del cine español, destacó por su papel de sacristán en la versión de El Lazarillo de Tormes (1959) de César Fernández-Ardavín.
A Atienza se le preguntaba mucho posteriormente por el film, incluso con alguna que otra polémica como cuando la revista "Positivo" de Ricardo García Blasco le preguntó si el viraje de "Film Ideal" le perjudicó pues de siete críticos le habían puesto 2 ceros, tres unos y dos doses. La publicación fundada por Félix Martialay no se tomó muy bien las alusiones.
