1.10.25

Volver a empezar (José Luis Garci, 1982). Las reacciones al primer Oscar del cine español

 


Hoy recordamos el primer Oscar a una película española, el 11 de abril de 1983 lo ganaba Volver a empezar, su director vestido con un smoking blanco lo recogía y decía que desde niño soñaba con ese momento y que los sueños, a veces, se convertían en realidad. 

Aquel año había varios títulos que sonaban para que optara al premio a la mejor película de habla no inglesa, estaba Demonios en el jardín de Manuel Gutiérrez Aragón, La colmena de Mario Camus y con menos posibilidades Antonieta de Carlos Saura. Según explica Garci “los partidarios de La colmena, para no votar a Demonios en el jardín, votaron a Volver a empezar, y al revés. De rebote, salimos nosotros.”

La película se había estrenado en Arango (Gijón) el 11 de marzo de 1982, el estreno en Madrid fue en el Coliseum, sin embargo, pasó bastante inadvertida. Una de las razones fue su coincidencia en cartel con En el estanque dorado, película que retrataba también un romance otoñal.

He visto Volver a empezar en innumerables ocasiones, me encanta y con el paso del tiempo creo que ya se puede considerar un clásico. Ya desde el comienzo con esas imágenes otoñales y serenas de Gijón que contrastarán luego con las de un San Francisco activo, que no hacen sino decirnos que la vida sigue. La mirada profunda de Ferrandis viendo el mar, el cine Robledo, el estadio del Molinón, qué gran actor era, en pocos minutos penetramos en su interior. 


 

 Y ya no hablemos de escenas maestras como la de la charla entre él y José Bódalo en la que le dice por qué ha regresado, según Garci este fue uno de los momentos clave para que le dieran el Oscar. Pero hay muchas más, siempre que la veo pienso si ella sabe de verdad lo del cáncer, la escena en el aeropuerto es de una emotividad inmensa, a la altura de ese cine de LeoMcCarey que tanto admira.

Pero más que analizar la película, vamos a viajar en el tiempo y recoger lo que decía la prensa y cómo sentó el premio. Hubo de todo, incluso más positivo que negativo en un primer momento, creo que la concesión de la estatuilla no sentó demasiado bien a determinadas corrientes y desde ese momento el cine de Garci fue bastante despreciado por una parte de la crítica, ello provocó cierto parón y que se concentrase más en la serie para TVE Historias del otro lado. Una verdadera lástima porque después de Volver a empezar y rodar la secuela de El crack, tanto Sesión continua (1984) y Asignatura aprobada fueron otras dos notables películas y aprovecho para pedir que se editen. Por suerte a mediados de los 90 volvió y nos ha seguido ofreciendo buen cine.

En la prensa de aquel 1982 podíamos leer esto:

En "El País" del 14 de marzo de 1982 se recogía una crónica de José Manuel Vaquero: Volver a empezar, película que toma el título de una melodía de Cole Porter es la historia de la recuperación del encanto de la fe en la vida y en el ser  protagonizada por dos personas mayores"

En la presentación los autores Garci y Ángel Llorente homenajean a la generación de los jóvenes de los años 30: “El tema no está de moda, pero los españoles no podemos permitirnos el lujo de ser pasotas y debemos hacer frente al futuro como Antonio y Elena sintiéndonos jóvenes por dentro, la música de Cole Porter refleja el espíritu vitalista de esa generación que invita a los españoles de hoy a volver a empezar, después de tanto tiempo perdido”

En "El noticiero universal" del 19 de marzo de 1982, Jorge de Cominges escribía: "José Luis Garci utiliza la música con sensibilidad cinematográfica, se vale de las panorámicas con singular elegancia y cuaja los diálogos de frases aptas para el lanzamiento publicitario y el recuerdo inolvidable. Todo ello, claro está, dentro de la más pura tradición del cine americano, esta solidez de su labor artesanal queda a veces empañada por ciertos tics en él habituales como el afán por citar marcas y lugares conocidos que proporcionen al espectador un cierto sentido de complicidad o una peligrosa tendencia-conversación telefónica con el rey- hacia el chiste redundante."

Respecto a esta escena, Garci decía lo siguiente en "El Periódico" del 23 de marzo de 1982: "en cuanto a la voz del Rey, yo creo que hay que tomar partido y decir que Juan Carlos es la persona idónea para que las cosas funcionen en España y recordar que está allí desde el 23 de noviembre de 1975 y la verdad es que tenemos que preguntarnos dónde estaríamos después del 23 F si no llega a ser por el Rey".



Conviene recordar que la película fue rodada entre octubre y noviembre de 1981, el año del fallido Golpe de Estado ocurrido el 23 de febrero.

En "La Vanguardia" del 21 de marzo de 1982, Ángeles Maso redactaba: "de limpia factura como le gusta a Garci, plano contra plano, encuadres explícitos, panorámicas suaves y elocuentes. Comedia sentimental que desafía al tiempo".

Ruiz de Villalobos en el "Diario de Barcelona" el 23 de marzo de 1982: "la serena madurez fílmica y evidentemente humana, en la que está entrando de forma progresiva Garci, queda reflejada en la serenidad que preside Volver a empezar. La aridez del tema, su melodramatismo a priori podía hacer pensar en algunos momentos de desmadre, nada de eso, todo el film está medido, sabiamente dosificado en todo momento, la película tiene un ritmo interior equilibrado y medido que va introduciendo al espectador en ese drama tan humano, tan real, tan sencillo, tan cotidiano, tan de todos."

En el ABC del 31-3-82, Pedro Crespo la alababa también: "historia desesperanzada con esperanza, Volver a empezar tiene como base fundamental, junto a un eficiente ritmo narrativo y un paisaje asturiano excelentemente fotografiado, a un cuarteto de actores que han sabido dar otras tantas lecciones magistrales de su trabajo."

Pero entre medio de buenas críticas, se hallaba una muy negativa y más por ser del gran José Luis Guarner en "El Periódico de Cataluña"  del 31 de marzo de 1982: "postales turísticas, música insoportablemente acaramelada que incluye Begin the Beguine, el tema inmortal de Cole Porter y largas, largas secuencias coloquiales, que se pretenden llenas de “feeling”, jalonan su recorrido reluciente como un parquet, translúcido como una gelatina que remata en un voluntarioso texto de agradecimiento, la gran especialidad del director, a una generación suspendida ¿otra alusión a Asignatura pendiente? por la guerra civil. El conjunto acredita consolidarse como el primer artista en sollozo contenido en nuestro cine."


A pesar de excepciones notorias como esta última, la crítica fue más bien buena, no así con el Oscar, el diario "El País" no ocultaba cierto disgusto en un entonces sorprendente editorial el 13 de abril de 1983 que mejor sería llevar a un curso de ética periodística por sus contradicciones:

Esta es la primera vez en cualquier caso que un largometraje en castellano -de cualquier nacionalidad- recibe el premio de Hollywood. Doble motivo de satisfacción para José Luis Garci y mayor causa de meditaciones para la Academia que concede los premios, pues sin depreciar el mérito de Volver a empezar, hay que decir que la filmografía en nuestra lengua tiene obras muy superiores a la ahora galardonada, y guionistas y directores más cuajados. En cualquier caso bienvenido sea el premio, que repara en la persona de Garci las injusticias o carencias cometidas con los otros realizadores y que sin duda tiene una proyección específica cara a los castellanoparlantes de los Estados Unidos, y una justificación ideológica acorde con los sentimientos moderados de la Academia.

Pero más duro en el mismo diario fue Ángel Fernández Santos en un artículo titulado “Las paradojas de volver a empezar” el 23 de abril de 1983:

 La masiva repercusión, casi con caracteres de acontecimiento cultural máximo en la radio, en la televisión y en la prensa escrita españolas del Óscar obtenido por un filme, que meses antes fuera acogido por esos mismos medios con tibieza y parquedad, cuando no, con hostilidad, es un indicio desde mi punto de vista, un poco ingenuo, un mea culpa entonado indirectamente por quien siente que ayer se pilló los dedos y hoy quiere ocultar la mano como si así arreglara un entuerto que en rigor no existe. Y he aquí la paradoja, se otorgan por decreto hollywoodiense toneladas de incienso a una obra cinematográfica a la que antes se sometió al ayuno del pan y la sal y, sin embargo, irremediablemente Volver a empezar sigue siendo la misma película mediocre ahora que hace 6 meses. Hollywood va a abrir las puertas del mundo al filme, pero no va a aumentar ni un solo gramo en su calidad con tal fin. A mi juicio, este con Óscar o sin él, es una obra artificiosa, pequeña y superficial, que no va a ocupar ningún lugar significativo en la historia del cine y la cultura españolas a las que nunca fue destinada por sus creadores que se limitaron a pergeñar un producto cinematográfico estereotipado de factura digna, solvente. vendible y nada más”

 Lo cierto es que mientras se producían estos debates, la carrera comercial en EEUU iba  bien, en "La Vanguardia" del 9 de agosto de 1983 podíamos leer:  “ha sido una de las películas españolas que más dinero ha ganado en taquilla en los Estados Unidos, aun careciendo de datos concretos, su permanencia en la cartelera ha sido muy superior a cualquiera de las películas de Saura, el único director español que goza de cierta audiencia nacida con el éxito de Cría cuervos, gran parte de esta bonanza comercial se debe a la distribución y promoción de la Twenty Century Fox que creyó en el film desde el primer momento, mucho antes de que ganara la famosa estatuilla. En los últimos 4 años tan solo 5 películas españolas, además de la mencionada Volver a empezar, han llegado a estrenarse comercialmente en Los Ángeles y ninguna ha sido un éxito de taquilla: 3 Sauras, Mamá cumple 100 años, Dulces horas y Bodas de sangre, El nido de Jaime de Armiñán, puesto que estuvo nominada para el Óscar y Ópera prima, de todas ellas tan solo Bodas de sangre aguantó más de una semana en cárcel."

Es una pena que la concesión de un premio provoque muchas veces sentimientos de esos que nada tienen que ver con la valoración objetiva ante una obra. Creo, como decía al principio, que el cine de José Luis Garci nunca ha sido valorado como merece y particularmente esta película. Animo a mis lectores más jóvenes que la descubran, a pesar de lo poco que se habla de ella. Creo que a más de uno, un visionado sin prejuicios les puede deparar una muy agradable sorpresa. Tal efeméride merecería una reposición en pantalla grande.

30.9.25

El Greco (Luciano Salce, 1966)

 


Hoy traigo una película injustamente poco conocida, se trata de El Greco (1966) dirigida por Luciano Salce e interpretada por Mel Ferrer.

Recrear la vida de Domenicos Theotocopoulos suponía todo un reto que podría dar pie a todo un clásico del cine, aparte que la recreación de ese Toledo imperial con sus luces y sombras ya crearía expectación en el público. En aquellos años, la Fox estaba con el proyecto de traer la vida de Miguel Ángel al celuloide, la novela de Irving Stone inspiró un guion de Philip Dunne en 1961, sin embargo la producción no veía la luz hasta 1965: El tormento y el éxtasis. 

Un año antes Mel Ferrer anunciaba en Madrid en el "Club Internacional de Prensa" a los periodistas y diversas personalidades del mundo de la cultura que iba a protagonizar y producir una película sobre él por el que sentía fascinación según explicaba en diversas entrevistas y que sería el papel más complicado de su vida. El actor iba bien preparado porque enseñó un montón de planos y dibujos de los lugares de Toledo donde se ambientaría el filme, comentó que aunque el montaje se haría en Londres, la mayoría del equipo técnico sería español y contaría con bastantes actores nacionales. Acababa de participar en La caída del Imperio Romano e iba a rodar El señor de La Salle y dirigir Cabriola con Marisol, por lo que era habitual verlo a menudo por España junto a su mujer Audrey Hepburn

Para recrear la vida del pintor se tomaría como base la obra de Gregorio Marañón El Greco y Toledo, dos nombres interesantes se encargarían del guion: Juan García Atienza y Rodrigo Rivero Balestia. El primero es otro nombre maldito de la historia del cine español, dirigió en 1962 una excelente comedia Los dinamiteros que sigue sin estar todo lo reivindicada que debiera, posteriormente rodaría para televisión series como Los paladines (1972) y documentales para TVE. Es autor también de uno de los guiones más surrealistas de nuestro cine, el de la película de Juan y Junior en un mundo diferente de Pedro Olea. En cuanto al segundo nombre, colaboraría también con Atienza en su película, aparte de escribir la historia de Crimen de doble filo una de las mejores muestras del cine policiaco español dirigida por José Luis Borau, escribiría otro guion para la película Secuestro en la ciudad de Luis María Delgado, no cuento ni encuentro mucha más información sobre él, así que agradecería si alguien conoce más de su vida y obra.


Sin embargo, Mel Ferrer contrató a otro guionista Guy Elmes, muy dado a producciones de aventuras y bélicas de serie B como El valle de las mil colinas o peplums como Poncio Pilatos. Esto propició que los dos nombres anteriores presentaran una denuncia contra el actor por haber usurpado su trabajo, en su momento tuvo relevancia este hecho y perturbó el rodaje, el juez fijó una fianza de 600.000 ptas., pero Ferrer presentó recurso y el juez le dio la razón con las pruebas presentadas.

Finalmente, el 7 de mayo de 1966 en el Museo Santa Cruz de Toledo se presentó mundialmente la película, tal estreno estuvo patrocinado por el Ministerio de Información y Turismo con Manuel Fraga Iribarne a la cabeza y de Educación Nacional, el comité organizador del acto estaba presidida por la entonces Princesa Sofía que cuatro décadas más tarde también asistiría al estreno de otra película sobre la vida del pintor, la dirigida desafortunadamente en 2007 por Yannis Smaragdis.

Mel Ferrer había buscado inversores ya que la película resultaba muy costosa para el capital español y al final la Fox distribuyó la película, también contó con dinero francés e italiano. No tuvo el éxito esperado, pasó rápidamente de los cines de estreno a los de reestreno, la crítica fue tibia, se hablaba muy bien de la ambientación, de la recreación pictórica, pero la interpretación del actor fue puesta en duda, aunque quien se llevó la peor parte fue Rossana Schiaffino como Jerónima de las Cuevas, no se perdonó que no la interpretara una actriz española. Sin embargo, Ferrer cumplió y en el reparto encontramos a Ángel Aranda como Don Luis, Fernando Rey como Felipe II, Rafael Rivelles como Marqués de Villena, incluso aparece Víctor Israel brevemente como enfermo mental en un hospital.

Escena de la película. Fuente: IMDB


Sin embargo, el reparto nacional no fue en papeles principales, Niño de Guevara fue interpretado por Mario Feliciani el cual lo borda bastante bien, pero su nombre no era muy famoso a pesar de ser un gran secundario. Otro nombre italiano, Adolfo Celi, tenía un rol importante como Don Miguel de las Cuevas. Pero donde no cumplió lo dicho fue en el equipo técnico, casi todo en manos italianas y no españolas como había anunciado.

Quizá el problema que tuvo la película fue contar con un director artesano como Luciano Salce con una amplia filmografía en su país, la mayoría comedias, aunque muchas no estrenadas en España. Se da la circunstancia que fue quien le dio la primera oportunidad al músico Ennio Morricone que debutó en el cine con su película El Federal, para El Greco lo volvió a llamar y compone una de sus más grandes partituras, si la película no estuviera olvidada seguro que esta aparecería entre las mejores de él, escúchenla y ya verán qué sorpresa.



La acción se desarrolla bastante bien, el pintor durmiendo en el mercado, la amenaza de la Inquisición, la relación con Jerónima de las Cuevas, aunque tenga más de ficción que de realidad. Aparte de la ambientación, lo mejor son las relaciones entre él y el Cardenal Niño de Guevara que recuerdan a las de Julio II y Miguel Ángel de El tormento y el éxtasis. Al igual que la versión de 2007 hay un juicio en el que es acusado de brujería, con una trama algo ingenua e incluso torpe en el guion, a pesar de que esto se escapa de la versión histórica, le da cierto empuje al ritmo narrativo. Se echa en falta verlo más pintar, recrear más su obra, su concepción ya que queda una película demasiado corta. No hubiera estado mal un documental breve antes como ya hiciera Carol Reed con Miguel Ángel.

La película no está ni en DVD, ni en plataformas, solo en YouTube y en una copia que seguramente viene de su versión estadounidense en inglés con subtítulos, ahí se estrenó con el nombre de Un hombre llamado El Greco. El Cinemascope está mutilado con lo que nos perdemos la belleza de su fotografía, de todas maneras tengo la sensación de que es la única manera hoy en día de poder verla. A pesar de sus defectos, creo que brillan más sus aciertos y es una película que merecería poder ser visionada y estar accesible por su interés histórico y cultural. Aquí dejo el enlace, hay alguna escena en la que se va el sonido.

 

29.9.25

Recuerdo a Francesc Betriu

 

Hoy recordamos a Francesc Betriu (Organyà, Lleida, 1940),  estudió en la Escuela Oficial de Cine, donde fue compañero de Víctor Erice, José Luis García Sánchez, Manuel Gutiérrez Aragón y Ángel Fernández Santos, y colaboró en "Fotogramas" entre 1963 y 1967. Hizo un documental de los Beatles que fue prohibido por Fraga Iribarne ya que no quería que hubiera mucha propaganda del cuarteto de Liverpool.: “Rodamos con Pedro Costa toda la estancia de los Beatles en Madrid, la llegada al aeropuerto, la reacción de los fans, la actuación, incluso un plano de Ava Gardner y Donna Hightower juntas en el concierto. Era una producción de No-Do que debía durar media hora. Antes contactamos con Brian Epstein, el manager del grupo, que nos dio la autorización. Después, cuando estábamos montando el material, nos dijeron que Manuel Fraga Iribarne había dado la orden, sin haber visto el filme, de que ese material no fuera utilizado, quería minimizar el efecto Beatles en España. No-Do montó solo un minuto y medio, pero falseando la cantidad de gente en el concierto. La frase final de la noticia era que los Beatles habían pasado por España sin pena ni gloria.”

   

 Dirigió dos cortos que le dieron cierto empuje para empezar a filmar largos, son Gente de Mesón (1969) y Bolero de amor (1971), con el primero gana la medalla de plata del festival de Bilbao y con el segundo es premiado por el Círculo de Escritores Cinematográficos, el festival de Cork (Irlanda) y el de Bilbao. 

Iba a estudiar para farmacéutico por tradición familiar, luego se pasó a Ciencias Económicas y después a Ciencias Políticas porque para aquello había que ir a la capital y lo que quería era estudiar en la Escuela de Cinematografía. En una de las pruebas había que presentar un guion a partir de una noticia y fue suspendido, pero luego se encontró a Berlanga que le dijo que le había encantado lo que había escrito. Betriu iba superando obstáculos y apostó por rodar su primer largo, Corazón solitario, del cual decía que sólo él creía en ella, pero su objetivo era hacer cine popular, no cine para minorías. “'Corazón solitario', de 1973, es un filme casi invisible. Tenía que proyectarse en el festival de Venecia pero la copia no llegó a tiempo. En diciembre, tres meses después de la celebración del festival, me llamaron diciendo que les acaba de llegar la copia. Me la devolvieron a mí y durante años estuvo guardada en la farmacia de mi padre. Es la única copia que existe, muy castigada. Filmoteca de Catalunya ha asegurado que hará una reconstrucción del filme.” La película ganó la carabela en el festival de Valladolid y sigue adelante.




 En una entrevista con Ángeles Maso para "Revista de cinematografía" (17-V-1973) encontramos que quiere hacer una película con Alfredo Landa que sea un poco la explicación de los personajes cómicos que el actor interpreta, remarca que el guion ya está escrito. Probablemente parte de este  se plasmaría años más tarde cuando adapta la novela de Raúl Núñez, Sinatra. También comenta que quisiera hacer una película en Barcelona, pero que no hay industria cinematográfica organizada como tal, su objetivo era hacer una sobre el Paralelo, aunque no en el sentido nostálgico, sino referido a la realidad actual y que sería una historia colectiva. Betriu en más de una ocasión decía que era un director difícil de catalogar, de etiquetar y que ponía nervioso a más de un crítico. “El sector de la crítica que antes me reprochaba que hacía esperpento ahora juzga negativo el que me incline por otro tipo de género” dijo tras el estreno de Sinatra. Y es que Betriu es uno de los directores más inclasificables que hemos tenido y sin duda más interesantes e inteligentes, merece ser otra B de los grandes. Pero tuvo que chocar con cómo está montada la industria en este país, a lo mejor en otros lugares sería un maestro, aquí en cambio tuvo que amoldarse a lo que había. Decía que el cine no es una actividad unipersonal del director, que se trata de una industria y el hecho de crear una película depende tanto de la voluntad de este, como de los condicionantes externos: la censura las subvenciones, la producción…

 Su fama llegaría con su segunda película, Furia española, que llegó a las pantallas con dos años de retraso por estar prohibida. Los dos guiones que presenta fueron prohibidos, pero a su amigo José Luis García Sánchez se le ocurre la idea de presentar uno con el título “ Una pasión azulgrana” que sí pasa el corte, pero Betriu rodó el prohibido y eso hizo que tuviera el dudoso y a la vez elogioso honor de ser el director de la película con más cortes de la historia, un total de 22. Es una cinta popular como él quería, pero a la vez  de autor que se interesa por ese submundo de las grandes ciudades, de las barriadas, en este caso el barrio chino barcelonés. Más allá del deporte rey, es la historia de unos seres marginados qué mediante la integración en el mundo del fútbol quieren olvidar su imagen y encontrar una nueva identidad. Protagonizada por Cassen, el cual buscaba una película que le devolviera aquella genial interpretación en Plácido, aquí hace de cobrador de una “golondrina”. (Para los que no sean de Barcelona, las golondrinas son embarcaciones turísticas que dan la vuelta por el puerto)

   

También la película chocaba con ciertos sectores nacionalistas. En una crítica publicada en el diario “Avui” el 29 de septiembre del 76 se puede leer lo siguiente y lo escribo en catalán para mantener la originalidad del texto, creo que más o menos se entiende: “Betriu, que és català, fa massa temps que viu allunyat físicament i moralment de les realitats de casa nostra (…). Betriu es mira les coses com si fos des del peu del monument a “El héroe de Cascorro” (…) La visió del poble barceloní és entelada per massa tòpics que no són precisament tòpics que ens pertanyin i ens caracteritzin. L´esquinçada de Betriu és una esquinçada perillosa. Deforma i enganya. Ha tirat al dret i la pilota no ha entrat a la portería”. JP (AVUI, 29-9-76)



Quizá quien escribe esa crítica no estaba acostumbrado a ver la Barceloneta, el Paralelo, la calle Robador, el barrio chino, la emigración, la pobreza, Betriu conocía bien la Barcelona de las postales y la no oficial, además de dejarnos ver personajes populares algo escondidos que nos retrotrae aquel documental que filmó Summers de Juguetes rotos, así pues vemos a Dolores Continente León, la anciana vendedora de lotería que vendía delante de El Molino y qué allá por el 1915 cantó cuplés en el Paralelo con el nombre de María Conti, podemos ver también a “La niña de Vallecas” que actuaba cada noche en la bodega Apolo. También vemos a Lázaro Escarceller como vendedor de cacahuetes (su oficio real) en las golondrinas qué más tarde se haría famoso en el programa de TV3 “Filiprim” con Josep Maria Bachs, el cual lo traería al “1,2,3 responda otra vez” y ganaría fama también como el abuelo en Makinavaja. La película también supuso el debut de Amparo Moreno, que trabajaba en El Molino, como viajera en la golondrina, etc. El crítico Antoni Kirchner definió a Betriu como "la viva representación del esperpento de tanta raigambre hispánica" tras ver la película. A pesar de los problemas de la censura y de la productora Betriu siguió y no se echó para atrás y comenzó un nuevo proyecto: La viuda andaluza.

   

 Se trataba de una adaptación muy libre de La lozana andaluza (1528) con guion suyo. El libro que fue tachado de inmundo y feo por Marcelino Menéndez Pelayo (en la película se le menciona) fue escrito por el clérigo Francisco Delicado en 1528 y Vicente Escrivá acababa de hacer una adaptación. En los periódicos de otoño del 76 se podía leer el siguiente anuncio: “Productora de cine busca personas feas gordas o flacas de ambos sexos de cualquier edad que deseen intervenir en un próximo rodaje”.Betriu dijo que no buscaba monstruos, pero que si publicas un anuncio pidiendo gente para una película se presentan los que se creen guapos y así con este anuncio consiguió una gran riqueza de tipos. La película que hay que contextualizarla en la época en que fue rodada, o sea, en plena transición, tiene a Bárbara Rey de protagonista, la cual se desnuda bastantes veces y a Paco Algora, actor habitual de ese cine en el papel del pícaro Rampín.




 La película utiliza el castellano antiguo y se ve acompañada de canciones compuestas por Luis Eduardo Aute que personalmente creo que chocan un poco. Es una crítica social, una sátira burlesca irreverente de las instituciones, de la Iglesia, de las armas, de la sociedad en general, etcétera. Es muy irónica y alegre, tiene golpes escondidos bastante inteligentes como por ejemplo que el cardenal esté interpretado por Escamillo (Josep Pons Ortiz), actor del Molino, famoso por su humor homosexual. Aparece también un grupo de condecorados compuesto por concejales y por militares que curiosamente la censura no tocó. Otro momento impagable es que la viuda se aloja en el Ritz y en una de sus suites se hace un prostíbulo, ahí Bárbara Rey tiene una escena de cama nada menos que con Lázaro Escarceller, entre otros. El crítico JF Valls dijo que “Betriu vehícula una enorme cantidad de pesadillas generacionales masoquismos, sadismos, en fin, todo lo que compone la represión cultural y política que nos ha tocado vivir en las últimas décadas”.

 La película, al igual que Furia española, tuvo problemas con el productor, en este caso con Andrés Vicente Gómez, que dijo que la película se había pasado el presupuesto en un 40%.Un problema de retraso en los pagos a los extras levantó una cierta polémica en los diarios de la época.

 Un momento clave en su obra es la realización de 'La plaça del Diamant', de la cual hace un guion cinematográfico que queda en un cajón y TVE decide hacerla en serie y presentarla en un concurso de subvenciones. Mientras, rueda otra genialidad, Los fieles sirvientes, donde el director, según cierta crítica, abandona el estilo feísta, pero sin abandonar su tono corrosivo y esperpéntico. Debido a los problemas de las anteriores películas con los productores, aquí trabaja con una cooperativa que engloba tres productores asociados. El director explicaba así la intención del filme: “En cierta manera he querido hacer una crítica a las personas que tienen la oportunidad de liberarse y que no aprovechan la ocasión. (…) He intentado retratar el mundo de los criados, su servilismo. Los criados no pueden compararse a los proletarios porque, a diferencia de estos, jamás pretenden rebelarse contra su señor. (…) No es una comedia, aunque tenga humor".




 Betriu, nuestro más acreditado cultivador del esperpento, olvida aquí previas veleidades feístas para imponerse una mayor disciplina necesaria en este poco fácil terreno fronterizo entre la comedia satírica y el análisis social (José Luis Guarner, El Periódico, 30-V-80) 

 Y llega el momento de La plaça del Diamant, Betriu tenía un guion escrito con Benet Rossell en 1976 que debían producir Carlos Durán y Vicente Aranda, era un proyecto para largometraje y la historia concluía hacia 1946 con la primera comunión de los niños, no una década después cómo se acabó haciendo. “Me gustaría que el libro y la película fuesen complementarios. La persona que haya leído el libro que vea la película, y quien haya visto la película que lea y disfrute con la novela” dijo el director. Merçè Rodoreda estaba de acuerdo con esta decisión. Después cogió el proyecto Pepón Coromina y en 1980 fue la primera colaboración entre cine y televisión, una serie de 4 episodios, pero también llegó a un acuerdo para explotar la versión para cine. Betriu no quería recortar la serie, sino hacer un fin autónomo, mostró su disgusto con los cortes, había optado por una voz interior para equipararla a la primera persona de la novela, eso funcionaba bien en la serie, pero no en la película. Se quejaba también de que el personaje de Quimet queda muy desdibujado en el filme. Rechazó posteriormente hablar de la película y reivindicó siempre la serie.

   
  La Plaça del Diamant era lo primero que Betriu quería hacer en su carrera de director, es su realización más popular y recordada, por suerte la serie se puede ver en el archivo de TVE, sorprendentemente no está editada en DVD, algo extraño, ya que la mayoría de las series de la tele pública lo están, la película se editó solo en castellano en su momento por Suevia Films. En su momento fue todo un fenómeno cultural, social y hasta político, en el barrio de Gracia participaron muchos vecinos como extras, Betriu había vivido en las afueras de Gracia y conocía bien el lugar.
El éxito le lleva a rodar una adaptación de la novela basada en la obra homónima de Ramón J. Sender, Réquiem por un campesino español. Del libro decía: “Casi parece la sinopsis de una película, es muy cinematográfico y además se trata de una gran novela. De la novela española más publicada después del Quijote porque “Réquiem…” sigue siendo libro de texto en las universidades norteamericanas”. No obstante, no quedó muy contento a pesar del interés de esta. Un absurdo lío con el título provocó una polémica, Pilar Miró entonces directora general del Instituto Nacional del cine anunció que retiraría la ayuda oficial para la presentación de la película en Venecia si ésta se presentaba con el título Réquiem por un campesino ya que un diario de Madrid lanzó el rumor de que TV3 había sugerido el recorte del título, o sea, la supresión de “español”. Betriu dijo que fue él quien lo suprimió y que la televisión catalana no había tenido nada que ver, que le parecía reiterativo el título completo y le preocupaba que las repercusiones de la polémica perjudicaran la carrera comercial del filme.





 Vino después Vida privada (1987) para televisión protagonizada por Héctor Alterio, Contaba con un guión desarrollado por Juan Marsé, Gustau Hernández, el propio Betriu, además de Jaime Gil de Biedma. “era algo que llevaba en mente desde hacía unos años, es una novela espléndida, muy actual. La primera razón para haberla adaptado es que soy un apasionado de ella, en el guion hemos sido fieles al espíritu de la obra, pero no miméticos y cosa rara, TVE no ha tocado nada” .Y en 1988 volvería al cine con Sinatra, adaptación de la novela de Raúl Núñez que trabajó también en el guion.  

 Betriu decía que “la depresión de este personaje y de toda la gente que le rodea, que en principio van en su ayuda (…) acaban atosigándole, aumentando su estado depresivo. (…) Es mi película más pesimista (...)  “Sinatra es uno de estos personajes marginales que han estado fuera de la historia de la ciudad, y de la historia en general y que siempre me han interesado “  

Para la película contó con las canciones de Joaquín Sabina, él quería que fuera el tercer guionista, sus canciones se amoldaban muy bien en la historia.

   

 Recibida con tibieza tanto por la crítica como por el público, escribí de ella esto

 Rueda también un capítulo de la ambiciosa serie Eurocops, "Cuellos blancos" en 1990, año que le hace volver al barrio de Gracia de Barcelona para rodar la versión televisiva de la novela de Marsé, Un día volveré. En esta ocasión fue una Gracia postiza de cartón piedra ya que la mayoría se hizo dentro de un decorado que diseñó el gran Gil Parrondo en el antiguo cuartel de la C/ Lepanto y que evocaba entre otros sitios el mítico Cine Rovira. La serie fue bastante maltratada por la dirección del ente que no creía demasiado en ella y se programó a una hora algo tardía. Se puede ver en el archivo.
 

Betriu no volvería a hacer cine hasta 1996, esta vez firmaría como Paco Betriu, y dirigió La duquesa roja, donde coincidiría con Andrés Vicente Gómez. La película con más aires berlanguianos que los suyos propios fue un fracaso, Betriu insistió una y otra vez en que se trataba de un sainete esperpéntico con ribetes de humor negro, que nadie buscara por tanto relación alguna con la biografía de la duquesa de Medina Sidonia, Luisa Isabel Álvarez de Toledo,  que por otro lado ya había marcado distancias exigiendo que sólo Luis García Berlanga se atreviera a hurgar con una cámara en su vida
Betriu calificaba la película como de encargo y que había nacido mal desde un principio. Volvería, a pesar de esta mala experiencia, al año siguiente con Una pareja perfecta, adaptación de la novela Diario de un jubilado de Miguel Delibes con Antonio Resines y José Sazatornil, Saza. No consiguió tampoco que la taquilla funcionara y la crítica la rechazó. Según Betriu el guión era prácticamente exclusivo de Rafael Azcona ya que él solo había introducido algunas sugerencias relacionadas con el original literario. Para el director, la experiencia en anteriores trabajos de origen literario le lleva a considerar que la fidelidad al texto no es una cuestión fundamental, sino que es más importante la fidelidad al espíritu de la obra.

 Participa luego en la creación de la serie para Tele 5, Petra Delicado, y en el 2001 vuelve al cine para hacer El paraíso ya no es lo que era, de nuevo con guion de Rafael Azcona y basada en un cuento de Carmen Rico Godoy, pretendía ser una vuelta a sus orígenes, pero pasó muy desapercibida y hace que abandone el cine durante 8 años.

   

En el 2009 cambia de registro, aunque sin olvidar sus temas y personajes marginados y rueda Mónica del Raval, film entre el documental y la ficción, la historia de una chica manchega que durante 20 años ejerció la prostitución en el barrio del Raval de Barcelona. La crítica, esta vez, vuelve a reconciliarse con él y la película consigue cierta resonancia, aunque lejos de aquel cine popular que quería, se trata de un film para minorías.

   
En el 2012 rueda El día que murió Gracia Imperio, se trata de un documental que indaga en la extraña muerte de la vedette Emilia Argüelles Catalina conocida como Gracia Imperio y su amante, hallados sin vida, en 1968, en Valencia. Con el pretexto de la historia volvía a interesarse por los personajes de variedades y a retratar la sociedad española de finales de los 60.
 .  

  El último aviador de 2019 fue su última película, se trata de otro documental que ha podido verse por televisión y del que prácticamente no hay información.

 

Teaser "L'últim aviador" de Francesc Betriu from DACSA Produccions on Vimeo.

Betriu seguía con proyectos de cine experimental. Descanse en paz un director que fue uno de los grandes de nuestro cine y que tuvo que hacer frente a todo tipo de adversidades. Un premio Gaudí de la Academia Catalana fue su último homenaje a principios de este año, que el recuerdo y la revisión de sus películas siga.