El entonces solo actor ya era bastante
popular en aquel tiempo y tenía ganas de empezar a ponerse detrás de las cámaras, la paralización
del rodaje de Aeropuerto motivó que tanto Delgado como Fernán Gómez pensaran en
aprovechar los decorados para hacer algo y aquello era una historia escrita por
su amigo Francisco Tomás Gómez que tomaba como punto de partida un cuento de
Edgar Allan Poe ("El sistema del Doctor Alquitrán y el profesor Pluma") donde los
enfermos de un manicomio encierran a los médicos y asumen los roles de ellos. En
medio de la historia se intercalaban tres relatos con el tema de la locura: "Una
equivocación" de Alexandr Kuprin, "El médico loco" de Leonid Andreiev y "La mona de
imitación" de Ramón Gómez de la Serna.
El proyecto no tuvo en un principio el visto de la censura,
se tuvo que retocar, Fernán Gómez nunca explicó qué le cortaron, pero decía que
“en el país de Don Quijote, me parecía absurdo”. Sí escribe que el final fue un
añadido, ya que la historia acababa con el tercer cuento y esos minutos finales
bastante divertidos venían a señalar aun más paradójicamente el mensaje de la
película irónico de principio a fin, desde la cita de Shakespeare inicial: ¡Señor, danos una brizna de locura que nos
libre de la necedad! Algún día habrá que agradecer a la Censura su habilidad en mejorar guiones.
El humor negro desplegado aquí ya nos daba una muy buena
muestra de lo que serían las constantes de su filmografía, él mismo también se
dirige a los espectadores, algo que practicó más adelante y el estilo
visual es feo y algo descuidado expresamente. Más de uno elogia al director por los decorados oníricos
que se ven, pero él ya dejaba claro que aquello de presentar unos cuadros con
marco y sin nada dentro fue idea de Eduardo Torre de la Fuente.
Sin duda, Fernán Gómez seguía en esta su primera película
ese estilo de cine vanguardista, cuyo mayor exponente era Serrano de Osma con
Pedro Lazaga de ayudante (conviene no olvidar), él estaba como actor dentro de aquel grupo que quería un cine español con diferentes temáticas, lo contradictorio era que él mismo consideraba esas películas como
disparatadas, que hacer cine de ese estilo con Lola Flores y Manolo Caracol no
tenía sentido, pero ahí están.
Manicomio pasó inadvertida en su estreno y tampoco
posteriormente se ha reivindicado. Cuenta con la curiosidad de ver a Camilo
José Cela dando coces. Al director se le ocurrió encerrar a intelectuales, algunos
de ellos tertulianos del madrileño Café Gijón y cada uno haría un animal.
A pesar de que la película siga olvidada, hay muchos puntos
positivos, por una parte todas las historias insertadas tienen el mismo interés,
no decae en absoluto, algo que suele ser el defecto mas común en estas. El debate de dónde
acaba lo racional y empieza la locura o viceversa es palpable en estos 80
minutos, tanto puede ser considerada como una comedia alocada, como una
película de terror, una ironía de la vida, una experiencia surrealista... Los actores están espléndidos, con
una naturalidad inversa al tipo de sobreactuación que solía producirse en otro
tipo de producciones del momento.
Por suerte, el fracaso de este Manicomio no impidió a Fernán
Gómez seguir con sus 30 realizaciones, aunque se topase a menudo el rechazo de
público y también cierta crítica.
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