16.4.26

Tuset Street (Luis Marquina, 1968)

 

Cartel promocional de la película Tuset Street (1968) mostrando a Sara Montiel y reflejando la estética pop y el ambiente moderno de la Barcelona de los años 60

Tuset Street (1968): El naufragio de la modernidad entre el pop y el cuplé

La historia del cine español está llena de encuentros imposibles, pero pocos tan fascinantes y accidentados como el de "Tuset Street". Lo que nació para ser el manifiesto visual de la Barcelona más vanguardista de finales de los 60, terminó convirtiéndose en un campo de batalla donde colisionaron dos formas irreconciliables de entender el espectáculo: la vanguardia intelectual y el inamovible sistema de estrellas. Antes de seguir, te invito a ver mi análisis en YouTube aquí y a que te suscribas, por favor, a mi canal de cine y cultura. Gracias😊 https://www.youtube.com/watch?v=VXIWnVVc85s

Un equipo de élite para una ambición europea

Sobre el papel, el proyecto era imbatible. El guion llevaba la firma de Rafael Azcona, quien junto al director original Jorge Grau y Enrique Josa, pretendía realizar una disección ácida y cínica del esnobismo de la Gauche Divine. Para capturar la estética de esa "Carnaby Street" barcelonesa que imitaba las tendencias de Londres y París, se rodeó de un equipo técnico de primer nivel:

  • Fotografía de Alejandro Ulloa: El maestro de la luz tuvo el difícil reto de unificar el realismo de las calles barcelonesas con el brillo sofisticado que exigía una estrella internacional.

  • Montaje de José Luis Matesanz: El encargado de dar cohesión en la mesa de edición a un material que terminó fragmentado por el cambio de dirección.

  • Música de Augusto Algueró: Quien puso ritmo al contraste entre la modernidad "pop" y el arraigo popular del Paralelo.

El "Ataque de Vedetismo" y la ruptura definitiva

El rodaje se hizo célebre por el choque frontal entre Jorge Grau y Sara Montiel. Según recogen las crónicas de La Vanguardia, el conflicto estalló cuando la actriz, que también ejercía de productora, empezó a cuestionar cada decisión técnica. Grau llegó a calificar la actitud de la intérprete como un "ataque de vedetismo", señalando que Montiel había despedido a tres cámaras y rechazado gran parte del vestuario.

La tensión llegó a su punto de no retorno cuando Sara se negó a rodar alegando que el director la estaba retratando como alguien "gorda, grotesca y cursi". Su frase para la posteridad, "No conseguirás destruir el mito de Sara Montiel", sentenció la salida de Grau. Aunque oficialmente se anunció una suspensión por la hepatitis del protagonista Patrick Bauchau, la realidad era una fractura creativa total. Jorge Grau terminó renunciando, comparando amargamente su situación con la de un hombre que ve cómo un elefante aplasta a su hijo y solo recibe una indemnización a cambio.

Una quiebra técnica y narrativa insalvable

Tras la salida de Grau, Luis Marquina asumió la dirección, pero la herida ya era visible en el celuloide. La crítica de la época, especialmente en diarios como ABC, fue implacable al señalar una "quiebra" en la película: el filme parece dividido en dos intenciones distintas. Por un lado, unos minutos iniciales con aire documental que retratan con acierto el ambiente moderno de la calle Tuset; por otro, las apariciones de Sara Montiel, que actúan como "herederas directas" de sus éxitos pasados, rompiendo cualquier intento de realismo.

Esta dualidad técnica provocó resultados desconcertantes. La mezcla de un guion de Azcona (pensado para la sátira) con un montaje final volcado al lucimiento de la estrella, generó una obra que, en palabras de los críticos de 1968, provocaba "hilaridad en los momentos dramáticos y tedio en el resto". La película no lograba decidir si quería ser un drama existencial moderno o un musical tradicional.

El legado: De "pastiche" a pieza de culto

A pesar de ser considerada un fracaso artístico en su estreno, el tiempo ha convertido a "Tuset Street" en una joya de arqueología pop. El reparto es un testimonio histórico en sí mismo: desde el refinamiento europeo de Patrick Bauchau hasta iconos de la modernidad como Teresa Gimpera, Jacinto Esteva o Emma Cohen, e incluso cameos curiosos como el de Luis García Berlanga.

Hoy, la vemos como el ejemplo perfecto de una época de transición. Gracias al impecable trabajo de Alejandro Ulloa en la fotografía y a los decorados de Enrique Alarcón, la película sobrevive como un documento visual deslumbrante de una Barcelona que soñaba con ser París, pero que aún estaba bajo el hechizo inquebrantable de sus grandes mitos populares.


Fuentes:

  • Hemeroteca La Vanguardia (Febrero 1968): Declaraciones de Jorge Grau sobre la suspensión.

  • Hemeroteca ABC Madrid (Septiembre 1968): Crítica del estreno y ficha técnica.

  • Catálogo del Cine Español (ICAA): Datos de producción y equipo técnico.