Hay películas que no se recuerdan solo por sus imágenes, sino por el clima de pensamiento que dejan detrás. Madrid, de Basilio Martín Patino, es una de ellas: una obra atravesada por archivos, canciones, paseos, rostros y preguntas, que convierte la ciudad en memoria viva y el cine en una forma de indagación. Vista hoy, además, resuena de un modo especial, porque devuelve al primer plano una cuestión muy actual: qué ciudad quiere mostrar el poder cuando decide financiar su imagen en la pantalla. Antes de adentrarte en mi artículo, te invito a que veas mi análisis en youtube aquí https://youtu.be/uyI0D8tjvJ8?is=JlRonxqie7YTws0T
Madrid, de Basilio Martín Patino: memoria, canciones y libertad en una ciudad filmada
Una película que se queda dentro
Madrid (1987) me trae un recuerdo fabuloso de mis años en la Universidad de Barcelona (UB), porque en las clases de Literatura del profesor Jesús Ferrer Solá nos la ponía y luego hacíamos cinefórum. Aquellas sesiones eran inolvidables. Veíamos y comentábamos películas como Casablanca, Esquilache, El contrato del dibujante, El hombre tranquilo, La luz prodigiosa, Más poderoso que la vida y tantas otras, en un ambiente donde el cine se pensaba de verdad.
En ese contexto tenía una fuerza especial. Era una de esas obras que no terminaban cuando acababa la proyección, porque obligaban a seguir hablando de historia, de memoria, de lenguaje cinematográfico y de ciudad. Recuerdo que a la gente les llamaba la atención esas manifestaciones "antiOTAN" contra Felipe González.
Un “invento raro”
El propio Patino definió la película como un “invento raro”, y cuesta encontrar una expresión mejor. En enero de 1987 ya explicaba que en ella se mezclaban una historia de ficción ambientada en el presente con imágenes de archivo de décadas anteriores, incluso ligadas a materiales que prolongaban su trabajo sobre la memoria histórica.
Ese carácter híbrido es una de las razones de su grandeza. Madrid no busca ofrecer una visión monumental ni turística de la capital. Le interesan sus pliegues, sus residuos, sus contradicciones y la forma en que el pasado sigue respirando dentro del presente. El material promocional de la película presentaba ya la ciudad como una realidad abierta, polivalente y contradictoria.
Argumento
El hilo conductor sigue a Hans, un realizador alemán que llega a Madrid para preparar una película televisiva sobre el cincuentenario de la Guerra Civil. Mientras consulta archivos, escucha músicas, recorre calles y monta materiales, el encargo inicial empieza a desbordarse. Lo que parecía una conmemoración acaba convertido en una interrogación sobre cómo filmar una ciudad marcada por la historia y sobre qué relación guardan la realidad, la ficción y la memoria. Esa misma línea aparece tanto en la sinopsis promocional como en las declaraciones de Patino, cuando explicó que el verdadero tema del film era la relación entre documental y ficción.
Madrid como memoria viva
La ciudad que aparece en la película está lejos de cualquier postal. La crítica del estreno en ABC describía cómo Patino alterna materiales de la Guerra Civil con imágenes del Madrid contemporáneo: manifestaciones anti-OTAN, tejados, corralas, el Palacio Real, rótulos castizos y otros espacios urbanos.
Eso le da al film una textura muy particular. El pasado no aparece como algo clausurado, sino como una presencia que vuelve, interfiere y dialoga con el presente. Madrid acaba siendo documento, experiencia cotidiana, memoria política y reflexión artística al mismo tiempo. Esa ambición es la que hace que la película siga pareciendo libre, movediza e incómoda.
Rostros, actores y apariciones
Una de las riquezas de Madrid está en su reparto amplio y poco convencional. En el centro aparecen Rüdiger Vogler, Verónica Forqué, Ana Duato, Luis Ciges y María Luisa Ponte, ya destacados en la crítica del estreno.
Alrededor de ese núcleo se despliega un tejido muy característico del Madrid cultural de la época con un reparto completado por Antonio Gamero, Luis Barbero, Manuel Huete y Fanny Rubio. Los materiales de prensa del rodaje mencionan además a José Prat, Javier Sádaba y Carlos París, lo que encaja muy bien con la voluntad de Patino de reunir no solo intérpretes, sino también figuras intelectuales y presencias culturales de la ciudad.
A eso se suma una serie de apariciones fugaces que ensanchan todavía más la película: Miguel Ríos, Juan Barranco, Rafael Alberti, Antonio López y Rosa Valenty, junto a nombres como Jaume Sisa —o Ricardo Solfa, en su heterónimo madrileño— dentro del universo del film. Todo ello contribuye a que Madrid respire como una obra porosa, abierta, llena de circulación humana.
Las canciones y la memoria sonora
Otro rasgo decisivo es el uso de la música. La crítica de estreno en ABC señalaba que Patino “adoba musicalmente” la película con una multitud de soberbias piezas de zarzuela y populares.
Ese detalle importa mucho, porque las canciones no funcionan como mero acompañamiento. Añaden una memoria sonora de Madrid, una tradición popular y teatral que dialoga con las imágenes de la ciudad y con los materiales históricos. Gracias a ellas, la capital aparece también como espacio cantado, representado y recordado. Ese uso de la música tiene una continuidad muy clara con el Patino que llevaba años trabajando la memoria a través de imágenes y ecos culturales del pasado.
Una película incómoda para la Administración
También resulta revelador que Madrid no encajara cómodamente en los circuitos oficiales. La ficha del estreno indicaba que estaba subvencionada por el Ministerio de Cultura. Pero Patino dejó claro después que la relación con la Administración había sido tensa.
En el Festival de Barcelona afirmó que algunos esperaban una visión más apologética de la ciudad, habló de un “estreno precipitado” que él no deseaba y sostuvo que la película había sufrido cierto ostracismo. Todo ello encaja perfectamente con el sentido del film: Madrid no estaba hecha para embellecer una imagen oficial de la capital, sino para pensarla y discutirla.
Volver a Patino ahora
Por eso también tiene interés hablar hoy de esta película. En 2025 se anunció que la futura película madrileña de Woody Allen recibiría 1,5 millones de euros de la Comunidad de Madrid y después se informó de una aportación total de tres millones entre Comunidad y Ayuntamiento, presentada como una operación de promoción turística e imagen internacional de la ciudad.
Conviene añadir, eso sí, que mientras escribía el artículo se ha anunciadon que el rodaje comenzará este otoño. Precisamente, por eso, el contraste con Patino resulta tan sugerente. Frente a la ciudad concebida como marca y escaparate, Madrid propone una mirada mucho más atenta a las contradicciones, a la memoria y a las tensiones entre cine, poder e imagen pública.
Una obra que sigue respirando
Vista ahora, Madrid conserva intacta su singularidad. Tiene algo de ensayo cinematográfico, algo de cuaderno de notas, algo de película de fantasmas y algo de autorretrato indirecto de Patino. Su mezcla de archivo, canciones, rostros, ciudad filmada y reflexión la convierte en una obra libre y poco domesticable.
Quizá por eso sigue resonando tanto. Por la película, desde luego, pero también por aquellas clases de Jesús Ferrer Solá, por los cinefórums y por esa sensación, tan valiosa, de que el cine podía seguir creciendo mucho después de encenderse la luz.
Bibliografía
ABC, 19 de enero de 1987.
ABC, 27 de marzo de 1987.
ABC, 19 de julio de 1987.
Madrid. Pressbook de la película.
Madrid. Dossier de prensa.
Catálogo del ICAA, ficha de Madrid.
IMDb, ficha y créditos de Madrid (1987).
Wikipedia, “Madrid” (1987).
El País, informaciones sobre el proyecto madrileño de Woody Allen.

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