22.2.26

La laguna negra (Arturo Ruiz Castillo, 1952)

Cartel oficial de la película La Laguna Negra (1952) dirigida por Arturo Ruiz-Castillo con María Jesús Valdés.

En 1952, el director Arturo Ruiz-Castillo emprendió un camino árido y ambicioso a la producción de la época: adaptar al cine "La tierra de Alvargonzález", el romance más extenso de Antonio Machado incluido en Campos de Castilla. La película, titulada La laguna Negra, se erigió como una "estimable y solemne versión" (según la crítica de ABC) que rescataba la esencia de la Generación del 98 con una sofisticación inusual para la época.

No era un director cualquiera; era un intelectual de la Generación del 27 que había trabajado como actor en "La Barraca" con Federico García Lorca y como fotógrafo en las "Misiones Pedagógicas". Hijo del fundador de la editorial Biblioteca Nueva, fue también dibujante, editor y guionista. Antes de esta película, ya había ganado prestigio con obras como Las inquietudes de Shanti Andía (1946), por la que fue premiado como mejor director novel, y El santuario no se rinde (1949), considerada su mejor pieza técnica.

Machado escribió esta historia tras visitar la Laguna Negra en Soria, donde escuchó leyendas locales sobre hijos que mataban a sus padres por la herencia. Como en aquella época era un autor visto con recelo por el gobierno, Ruiz-Castillo fue muy valiente al elegir su obra. Se centró en el drama de la culpa y la envidia, temas universales que le permitieron rodar la obra del poeta sin que la censura le pusiera demasiados problemas.

Ruiz-Castillo estaba tan obsesionado con la fidelidad al espíritu del poeta que buscaba localizaciones que coincidieran exactamente con los versos de Campos de Castilla. Los vecinos de Vinuesa recordaban años después cómo el equipo preguntaba por rincones específicos que solo existían en la lírica de Machado. Se negó a rodar las escenas de montaña en un plató con nieve artificial y obligó al reparto a subir a las cotas altas de la Sierra de Urbión en condiciones climáticas durísimas. Se dice que José María Lado (Alvargonzález) y el resto del elenco terminaban las jornadas de rodaje exhaustos y ateridos, lo que ayudó a que sus rostros en la pantalla  reflejaran un cansancio físico real, muy acorde con la dureza de la vida pinariega.

A pesar de su ambición, que le llevaba a detalles insólitos como firmar personalmente la escenografía de sus filmes, la falta de éxito comercial le generó una nota de amargura en sus propias palabras recogidas por Diego Galán: "No me considero exactamente un fracasado, pero, desde luego, sí un poco frustrado". Esta frustración le llevaría años después a rodar productos de menor interés que apenas recibieron ya elogios de la crítica tales como Los ases buscan la paz (1954) o Bajo el cielo andaluz (1960)

María Jesús Valdés fue el pilar emocional de la cinta, ganando la "Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) a la Mejor Actriz". Su interpretación del remordimiento fue clave para humanizar la tragedia; ella, que venía de triunfar en el teatro nacional, aportó una profundidad psicológica casi inédita en el cine rural de la época. Junto a ella, José María Lado dio vida al patriarca con una fisonomía que parecía tallada en el mismo granito de la sierra soriana. Era el actor ideal para encarnar la rudeza castellana, un intérprete que sabía decir más con sus silencios y sus miradas que con el diálogo. Maruchi Fresno, una de las actrices más queridas y sofisticadas del momento (famosa por su papel en Reina Santa (1947), y Tomás Blanco, en un papel de gran intensidad, completaban un núcleo familiar marcado por la codicia y el destino al que se añade el "bueno" que era Fernando Rey y que  conocido por su elegancia, sorprendía a los vecinos sentándose a beber vino con los pastores reales para "empaparse" del acento.

La película también reunió a las hermanas Irene Caba Alba y Julia Caba Alba, auténticas maestras de la naturalidad que representaban la tradición de una estirpe de comediantes legendarias. Junto a ellas, José Bódalo, cuya sola presencia otorgaba siempre una dignidad institucional a cada escena. La lista se extiende con nombres de secundarios magistrales como Félix Fernández (también premiado por el CEC), Luis Pérez de León, Antonio Riquelme o José Riesgo (El Julián de Barrio Sésamo) entre otros.

Para acentuar el tono de "España negra", Ruiz-Castillo tomó una decisión audaz: integró a vecinos de Vinuesa como figurantes. Logró así que los rostros curtidos, las manos gastadas por el trabajo y la expresión auténtica de los pinariegos se fundieran con los actores profesionales. Esta mezcla entre la aristocracia del teatro y la verdad del campesino soriano otorgó a la película una atmósfera de realismo casi documental, elevando el romance de Machado a una dimensión física y tangible.

José A. Aguayo fue su director de fotografía. Este utilizó un blanco y negro expresionista para convertir la Sierra de Urbión en un juez moral, resaltando la dureza de las rocas y la oscuridad del agua. La cámara se recrea en el granito, la piedra y la tierra seca. Esto refuerza la idea machadiana de una tierra que "bebe la sangre" y que es cómplice del crimen de los hijos. El uso de las sombras no es solo estético; representa la mala conciencia y el remordimiento que persigue a los protagonistas. Utiliza encuadres que sitúan al hombre como una figura pequeña y vulnerable frente a la inmensidad de la montaña, subrayando la insignificancia del ser humano frente al destino y la naturaleza. La filmación de la Laguna capta una oscuridad densa, casi sólida, que visualiza perfectamente el lugar donde "no hay fondo" y donde la culpa queda sepultada. 

Además, la ambientación corrió a cargo de la vanguardista Pura de Ucelay, asegurando un rigor estético absoluto. Fue una figura fundamental del teatro de vanguardia (estrechamente ligada a García Lorca y al estreno de Retablillo de Don Cristóbal). Buscó una sobriedad castellana donde cada objeto (un arado, una jarra, una manta de lana) tuviera un peso simbólico y real. Las estancias de la casa de Alvargonzález no se sienten como un set de rodaje, sino como espacios fríos, oscuros y opresivos, donde el silencio de la culpa se puede tocar.

Mientras que el poema de Machado tiene un aire de leyenda lírica y mística, la película de Ruiz-Castillo es un drama psicológico y físico. Algunos críticos como Rafael de España sugieren que, aunque el tema era idóneo para un guion, la película peca a veces de un "exceso de solemnidad", tratándolo con un respeto casi sagrado que ralentizaba su ritmo. Sin embargo, el filme logra algo que el papel no puede: convertir la Laguna Negra en un espacio físico opresivo, donde el silencio y la piedra pesan tanto como la mala conciencia de los hijos asesinos. 

Aunque en su día no llenó las salas, La Laguna Negra es hoy reivindicada como una de las adaptaciones literarias más dignas del cine español. En 1986, su emisión en el programa La noche del cine español sirvió para recordar que, antes del olvido, Ruiz-Castillo logró capturar el alma de Machado y la dureza de Soria en una película que, según la crítica y como he dicho al principio, es una "solemne y estimable versión" de nuestra mejor poesía.

Les invito a que vean mi resumen en mi nuevo canal de YouTube "El coleccionista" y que se sucriban. Cada semana hay contenido nuevo:



Fuentes consultadas:

  • ABC Madrid, 30 de septiembre de 1953 (Crónica del estreno y ficha técnica oficial).

  • ABC Madrid, 24 de febrero de 1986 (Análisis para Televisión Española).

  • Antonio Machado visto por el cine español, estudio de Rafael de España (págs. 1 y 17).

  • Memorias del cine español, Diego Galán (Entrevista a Arturo Ruiz-Castillo).

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